OSCAR RAÚL CARDOSO: ADMIRO A ARAFAT -MUERTE A SHARON

Cari jul 2002 al jaiat al jadida 24 de enreo de 2002A continuación la trascripción del mail enviado por Cardoso a un lector que se quejó de su pluma tendenciosa
Estimado señor:

No lo tomo a mal pero creo que ni somos tan “viejos” ni, por cierto, somos
“amigos”. No puedo “esclarecer posiciones antiisraelíes” que no tengo a pesar de que usted pueda percibir lo contrario. Si la cuestión es para usted tan importante le sugiero que revise los muchos textos que escribí sobre la cuestión -desde aquí pero también desde Israel y los países árabes- asegurándole que no encontrará otra referencia que la ratificación del derecho del estado de Israel a existir dentro de fronteras seguras. Se con certeza que Israel no precisa de mi aprobación para existir, pero menciono el registro solo porque usted lo pone en duda.

Puedo esclarecer, sin embargo, otras posiciones que, sí, sostengo. Soy, decididamente, partidario de la creación del estado nacional palestino en las mismas condiciones de seguridad que el de Israel. Y, sí, también guardo una módica admiración por la figura de Yasser Arafat que -usted entenderá-
no extiendo a la de Ariel Sharon. Permítame emplear aquí la misma ironía que resume su texto y recordar -como católico que soy- una oscura humorada atribuida a los cardenales cuando un Papa es ganado por ese estado de la vejez que precede a la muerte. Respecto de Sharon le digo entonces: “Quiera el Señor abrirle los ojos… o cerrárselos”. Es, mucho más de lo que lo fue Arafat, un obstáculo para la paz. żConvive cómodamente con la retórica de Sharon? Pues bien yo escribí sobre el centroizquierda de la sociedad israelí y de la diáspora, no del nuevo y curioso “fascismo” judío en el que, quizás, usted se inscriba.

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En cuanto al 97% (del 22% en rigor) ofrecido por Barak en el 2000 estoy convencido de que fue una oferta inteligente -y generosa dentro de límites mezquinos, pero realistas- y que Arafat falló al rechazarla. Aunque puedo entender -sin compartir- las razones para la decisión del rechazo. No coincido, sin embargo, con su interpretación en los hechos.

Error: sí conozco alguna cárcel israelí visitada en compañía de autoridades militares del estado de Israel durante la primera guerra del Golfo. La encontré impiadosa, del mismo modo en que encontré repulsivo algún pronunciamiento de la Corte Suprema israelí declarando alguna vez que la tortura de los prisioneros era apenas “presión física moderada” (desde entonces esta hipocresía ha sido corregida por el mismo cuerpo). Pero aun más he estado en los territorios palestinos fueron cerrados y sitiados durante aquella guerra y hallé otra forma de encarcelamiento colectivo impiadoso. Como le dije en la respuesta a su primer envío tomo en cuenta sus posiciones, pero esto no puede significar necesariamente que vaya a cambiar los principios que sostengo. żPueden cambiar? Sí pueden, pero hace falta para ello argumentos más sólidos que los eslóganes propagandísticos que informan su texto.

Por suerte estamos ambos -y otros- en condiciones de sustentar visiones antagónicas con libertad. Quizá sea este el único hecho destacable del intercambio.

 

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