Anti-israelismo oneo-antisemitismo cubano

La Habana exalta el terrorismo palestino y mantiene en la prensa una postura agresiva contra Tel Aviv. Sin embargo, incentiva bajo cuerda el turismo israelí.
por José Albo, Tel Aviv
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CNN y BBC
Con el brote de violencia que trajo consigo el movimiento armado denominado “Intifada”, devenido terrorismo en gran parte de su concepto, el antisemitismo renació —allí donde no existía— y se recrudeció allí donde estaba latente. Siendo Israel el país de los judíos y el judío de los países, y debido a que este rebrote dista, en cierta medida, de los ingredientes tradicionales, podríamos catalogar este fenómeno como neo-antisemitismo.

Teniendo como principal componente las grandes masas musulmanas y, dentro de estas, las huestes árabes, se ha alimentado un odio antijudío durante todo el conflicto que rebasa las fronteras del mismo. El antisemitismo tradicional, incubado en la Europa cristiana, es el segundo componente, que a la vez se ha dividido en dos tendencias fundamentales: la de extrema derecha, menor en número y más tradicionalista, que cuenta con su máximo exponente en los movimientos neo-nazis; y otra, mucho más amplia y renovada, localizada en la extrema izquierda, que tras un telón de defensa de las “causas justas”, ha seguido los pasos de las potencias musulmanas —a las que además les une su abyecto antiamericanismo— y ha traído como consecuencia la “interjudaización” del conflicto.

La Habana se ha nutrido, fundamentalmente, de las corrientes musulmanas y de izquierda extrema, que son, además, su principal apoyo en la arena internacional. Producto del cotidiano ataque del régimen castrista al Estado hebreo y del desconocimiento casi total, dentro de la sociedad cubana, de la realidad e historia del mismo, así como de las causas que provocaron el conflicto en el que este vive; y siendo además, lo poco que se informa, viciado y en muchas ocasiones alejado de la realidad, se han creado sólidas bases de anti-israelismo entre la población. Esta podría convertirse en fácil presa del neo-antisemitismo solapado que el régimen ha comenzado a exteriorizar abiertamente en tiempos recientes, a través de sus medios de comunicación.

Nazificación del Ejército israelí

Son pocos los cubanos que tienen acceso a otras fuentes de información que no sean las oficiales y, por tanto, esa mayoría restante, imposibilitada de “beber” de fuentes externas, da una credibilidad inconcebible a cualquier publicación oficial. Ergo, esta única fuente —el gobierno controla y censura los cuatro canales de televisión, todas las emisoras de radio, los más de 20 periódicos y revistas existentes, todas las casas editoriales y todos los portales de Internet de la Isla— es predominante en la formación y desarrollo de su criterio general y en lo que al conflicto respecta, en lo particular.

Si Israel levanta su voz aterrorizado ante las manifestaciones antisemitas disfrazadas de anti-israelismo que frecuentan la prensa europea, quedaría petrificado al conocer aquellas que a diario aparecen en los medios de comunicación cubanos, como el uso cotidiano de los términos genocidio, masacres y asesinatos para caracterizar las acciones israelíes. El nazificar al Ejército y al gobierno israelíes se ha convertido en norma.

En el periódico Granma —diario con mayor tirada en la Isla y órgano oficial del Partido Comunista cubano, en el que en más de una ocasión el propio Fidel Castro o su hermano Raúl escriben los editoriales— pululan ejemplos de satanización. Titulares como “Sharon anuncia continuación del holocausto palestino”, “Lanza Israel operación tipo nazi contra palestinos en Gaza”, “Prosigue genocidio de Israel contra el pueblo palestino”, “Extiende Israel operación genocida en Rafah”, “Ejército israelí prosigue masacre contra palestinos”, “Los soldados israelíes siguen sesgando vidas con odio sin fin”, “Palestina se ha convertido en un enorme campo de exterminio” o “Masacre israelí contra población palestina”, muestran claramente el grado de incitación anti-israelí por parte del oficialismo cubano.

Caricaturas en las que soldados israelíes caen desde un casco que ostenta una esvástica, o donde un cruel y despiadado Sharon siembra muerte con su vara coronada por una Estrella de David, evidencian una extraña similitud con la prensa antisemita, de forma general, y con la árabe en particular.

El uso de noticias amañadas e información, en buena parte poco fidedigna, es otra de las características en la guerra mediática cubana. El 8 de abril de 2002, Granma publicó: “…en Jenín, los helicópteros israelíes abrieron fuego de cohetes sobre la aglomeración debido a que los pobladores locales se negaron a congregarse en la plaza central, igual que hacían los nazis con los judíos durante la Segunda Guerra Mundial”. Lo cual no es sólo una atroz mentira, al no haber sido disparado un solo obús desde el aire y menos aún contra civiles, sino que se compara una operación antiterrorista, reconocida como combate armado por el informe de la ONU y donde murieron 56 palestinos y 23 israelíes, con las multitudinarias masacres efectuadas por los nazis.

A su vez, Juventud Rebelde publicaba el miércoles 2 de febrero de 2005: “la muerte de una niña palestina de diez años, ultimada el lunes por un francotirador israelí”. Sin reparar en que el martes 1 había sido apresado por la policía palestina el labrador —palestino— que realizó los disparos. Tampoco en días posteriores fue rectificada esta información.

‘Nazis, pero les queremos’

La Habana ha mantenido durante las últimas cuatro décadas una agresiva postura para con Tel Aviv. En 1967, el entonces embajador cubano en Naciones Unidas, Ricardo Alarcón, calificó el ataque preventivo israelí como “un ataque sorpresivo (…) al mejor estilo nazi…”.

Pero en concordancia con la política de doble rasero excelentemente ejecutada por la cúpula castrista, en entrevista concedida en septiembre pasado al diario Iediot Hajaronot—primera brindada por un alto funcionario cubano a un medio de prensa israelí en los últimos cuarenta años—, declaró: “existe mucho parecido entre Israel y Cuba, ustedes son un pequeño país rodeado de enemigos y nosotros somos un pequeño país con un enemigo gigante enfrente, EE UU”. Y agregó: “…el hecho de que no existan relaciones diplomáticas —entre Cuba e Israel— es obviamente temporal, esto no interfiere en las buenas relaciones de ambos pueblos (…) mucho antes de lo que piensan existirán relaciones diplomáticas (…) En Cuba queremos mucho a los israelíes…”.

Y personalmente él los quiere tanto que cuando la visita a Cuba de diputados israelíes en el año 2001, cumpliendo una invitación a la Conferencia 105 Interparlamentaria —Cuba, como país cede, se negó a invitar a los israelíes directamente, pero si accedió a que el organismo internacional lo hiciese—, evitó por todos los medios estrecharle la mano al entonces ministro de Justicia, Meir Shitrit, que encabezaba la comitiva.

El único interés de esta cínica expresión es estimular la llegada de turistas israelíes a Cuba, que ya alcanzan la cifra de 8.000 anuales —según fuentes israelíes—, al ser el turismo el principal renglón de la economía cubana.

Un mes después de haber realizado tan “calurosas” declaraciones mostraba su verdadero rostro mientras asistía al acto póstumo de despedida a Yasser Arafat. En su arenga catalogó al Estado israelí de genocida, fascista, exterminador, nazi e imperialista, y a Arafat, como “guerrero que entregó su vida a la causa de la libertad y la justicia (…) [cuya muerte] sirvió para mostrar en su desnudez la crueldad y mezquindad de los opresores de la patria palestina”. Alarcón pidió “el retorno de todos los refugiados a sus lugares de origen, de los cuales fueron expulsados como consecuencia de un genocidio que se practica de manera impune y con la complicidad total de Estados Unidos, desde hace más de 46 años”.

La comunidad hebrea cubana

El gobierno totalitario cubano no se reconoce como antisemita, sino más bien anti-israelí. Lo anterior lo sustenta, entre otras cosas, en las buenas relaciones que mantiene con la pequeña comunidad judía cubana, y que tuvo su colofón con la visita del propio Castro al Patronato de la Comunidad Hebrea, en el año 1998, para el primer día de la Festividad de Jánuca.

Cuatro años antes, se había acordado la salida hacia Israel de los judíos cubanos que así lo deseasen, con la visita a La Habana del Gran Rabino Ashkenazi, Israel Meir Lau. También se basan en el hecho de que algunos judíos han estado presentes en la empresa revolucionaria, destacándose notablemente en política Enrique Oltusky y Fabio Grobart, y en cultura, el Premio 2004 de Literatura, Jaime Sarusky Miller.

El gobierno cubano profesa un odio enfermizo hacia los gobiernos norteamericanos, y por tanto, Israel no puede quedar exento de su “cuota”, como el aliado que es de este. En parte, dada esta “proyección”, es difícil discernir dónde el anti-israelismo cubano se convierte en antisemitismo o viceversa.

Se debe reconocer que, incluso cuando se les pueda clasificar como neo-antisemitas, se encuentran entre los más lights y solapados, y que el único acto de antisemitismo físico conocido ocurrió en el año 1991, durante la Guerra del Golfo, cuando un grupo de estudiantes árabes apedrearon la sinagoga Adás Israel, en la Habana Vieja.

Es también una realidad el que los judíos cubanos, al contrario de muchos de sus homólogos mundiales, no sientan amenazadas sus vidas ni su integridad y menos aún se sientan marginados.

Por otro lado, el Holocausto es impartido a todos los niveles y de forma general no es cuestionado, a pesar de que en 1988 vio la luz el libro de Mahmud Abas (el estrenado presidente palestino Abu Mazen), La otra cara: La verdad sobre las relaciones secretas entre el nazismo y el sionismo; donde se pone en duda el número de judíos que murieron en el Holocausto y los cifra en unos pocos cientos de miles. Más recientemente, se han brindado conferencias sobre el pensamiento del negador del holocausto, el israelí de origen ruso Israel Shamir, al parecer, como pago a su artículo lamebotas titulado Cierto lagarto verde, escrito tras su visita a la Isla en el año 2001.

Si bien el gobierno cubano eliminó oficialmente todo tipo de racismo, incluido el antisemitismo, es un hecho que en su prensa, además del ataque cotidiano a Israel, se incita al antisemitismo y se realizan durísimas declaraciones, que “evidencian” o implican “el poder judío mundial”, al estilo “protocolar zarista”, y que sus periodistas traen a colación citas y artículos de reconocidos portales antisemitas, como es el caso de la web californiana La Voz de Aztlán.

Terrorismo mediático

El artículo “Palestina y Cuba, las coincidencias y las urgencias”, de María Poumier, tomado de Rebelión y publicado por Granma el 26 de mayo de 2003, cuenta con una pesada carga de antisemitismo y es uno de los pocos —o quizás el único— donde se ataca directamente a la comunidad judía cubana, y no al judaísmo mundial, como es norma, catalogándola de “una clase en la que se encontraban numerosos especuladores inmobiliarios, de diamantes y otros agentes comerciales”, y denigrándola porque “es imposible imaginar que el gángster Meyer Lansky, que controlaba el juego y la prostitución florecientes en Cuba, no se encontrara entre ellos…”.

El pasaje que dice: “la influencia, en el Congreso y en los aparatos del Ejecutivo, del poder económico-financiero del llamado lobby judío, que se ha convertido en determinante a la hora de trazar política por los inquilinos de la Casa Blanca”, bien podría aparecer en el portal del Ministerio del Exterior de cualquier país árabe, pero es un fragmento tomado del portal del MINREX cubano, en el apartado dedicado al “Muro de Israel”, y que pertenece al artículo “Cuando los olivos lloran”, de Elson Concepción Pérez, periodista de Granma.

El tratamiento del conflicto como una necesidad demográfica, es otra de las características del neo-antisemitismo, al adicionarle tintes racistas por la supuesta necesidad de preservación de la raza judía. Todo el que conozca la composición étnica del pueblo israelí, entiende que esto no es más que una falacia de izquierdas, en su intento por asirse a algún elemento “sensato” que le ayude a justificar el incondicional apoyo a tamaña gama de asesinos y terroristas.

Esta misma idea es retomada en el artículo de Eduardo Montes de Oca, titulado “¿Por qué Palestina?”, publicado en la revista Bohemia digital, que se alzó con mención en el Forum Nacional de Periodismo de 2003. Este cataloga al pueblo judío como aquel que “había preservado sus tradiciones y, lo que es más importante, su pureza racial durante más de dos mil años de estadía en Europa”, continuando su desdichado relato con las denominaciones de “gran jefe, Abdel Aziz Rantisi (…) y una parca trasmutada en ¿persona? (Ariel Sharon)”.

Y para cerrar con broche de oro su línea anti-israelí con ribetes antisemitas, escribe: “El primer temor avivado por el premier hebreo es el de que ‘los vecinos de Israel quieren echar a los judíos al mar’. El segundo que manipula ‘es el de los judíos de la Diáspora, que eventualmente se verán forzados a buscar un refugio en Israel’. Millones de ellos, muchos asqueados de la agresión israelí, callan y ‘envían sus cheques para el futuro santuario'”.

La satanización continúa cuando habla de “matanzas que, ejecutadas bajo el manto eufemístico de Operación Muro de Defensa, han segado cientos de vidas inocentes”. El antisemitismo mostrado en este artículo desnuda la ceguera de objetividad que el mismo le produce al autor, y una vez más se demuestra hasta que punto el odio produce ineptitud, la cual no permite dilucidar a ciencia cierta dónde se encuentra la línea de la imparcialidad, algo que desgraciadamente se ha vuelto común en el periodismo cubano.

Arnaldo Mesa —periodista con frecuentes apariciones en el programa político Mesa Redonda, que se transmite diariamente en el canal principal de la Televisión Cubana y que cuenta con la participación de la “crema y nata” del periodismo cubano “discutiendo” la “actualidad” internacional— publicó dos artículos en el periódico El Habanero, llamados “¿Cuánto tiempo?” y “Holocausto palestino”, en los que retoma la idea de la raza y el supuesto genocidio que se comete en su favor, plasmando idénticamente en ambos el siguiente pasaje:

“El aniquilamiento del pueblo, de la etnia y la sociedad palestinos se está llevando a cabo de manera racional y planificada (…) El actual régimen de Israel comete genocidio en nombre de la civilización, la paz, la democracia y la libertad. Mata sin ningún cargo de conciencia y justifica el asesinato masivo…”.

El papel de la OSPAAAL

Como contraparte a este desparramo de odio, es imposible encontrar alguna publicación con un enfoque diferente. Los medios cubanos no toman tan siquiera en consideración las someras protestas de la comunidad hebrea cubana —siendo nacionales cubanos y viviendo en los predios del sátrapa tienen que tener mucho cuidado al contradecir la postura oficial— ante las publicaciones de artículos e informaciones verdaderamente bochornosas.

Muchos de los principales periodistas cubanos tienen artículos publicados en el portal de Internet del Frente Democrático para la Liberación de Palestina (FDLP), ocupando más del 50 por ciento del total de las publicaciones en español. El FDLP —que cuenta con representación en Cuba, al igual que otros grupos terroristas como ETA— es responsable de innumerables actos terroristas contra la población civil israelí, siendo tristemente célebre el ataque a la escuela de Ma’alot, donde fueron asesinados 25 adolescentes.

Entre los periodistas con artículos en el citado portal se encuentran Arleen Rodríguez Derivet, ex directora del diario Juventud Rebelde, y en el presente editora de la revista cubana Tricontinental, vocera de la OSPAAAL —Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América Latina—, creada por Castro para la exportación de las ideas ”revolucionarias” a los países del Tercer Mundo.

Además, Ulises Estrada Lescaille, director de la citada revista y ex oficial de la inteligencia cubana, quien, entre otras funciones, fue el responsable del trabajo político y la “defensa” de la embajada cubana en Chile, en septiembre de 1973. Siguen la lista María Victoria Valdés-Rodda, periodista de Radio Rebelde, e incluso, Ernesto Gómez Abascal, embajador de Cuba en Turquía —ex embajador en el Irak de Sadam Husein— y funcionario de Relaciones Internacionales del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

Este último, en su desenfrenada carrera por ganar la simpatía Palestina y a la vez despotricar contra lo judío, se refiere a la desproporción en la natalidad entre las poblaciones árabes y judías al escribir: “es una bomba de tiempo, ya que en pocas décadas la población palestina sobrepasará a la judía y ellos (los judíos) no tienen solución para ese problema, solamente matar”.

La OSPAAAL contó con un período de “hibernación” tras el derrumbe del campo socialista y ha sido reactivada en los últimos años. En la “conmemoración” de la NAQBA —catástrofe— palestina, fecha en la que los palestinos niegan el derecho de existencia del Estado de Israel, se publicó la “Declaración de la OSPAAAL por el Día de la Usurpación del Territorio Palestino y la Constitución del Estado de Israel”, pudiéndose leer: “[la OSPAAAL] conmemora el 15 de mayo de 1948 con luto y dolor porque esta fecha recuerda una de las mayores injusticias cometidas en el mundo, el despojo, las masacres llevadas a cabo por las bandas sionistas con el fin de expulsar a la población de su patria y apoderarse de todo el territorio palestino”.

Por otra parte, la revista Tricontinental publicó el 15 de enero de 2004 un comunicado de los asesinos del ministro de Turismo israelí, Rehevan Zehevi (Ghandi), en el cual justifican el hecho y que está enviado desde la cárcel de Jericó en la cual cumplen condena. Como colofón, su director, Estrada Lescaille, mandó una carta de condolencias a Arafat, tras la muerte del líder del grupo terrorista Hamás, el jeque Yasín, émulo de Bin Laden para el pueblo israelí.

En buen argot cubano, se diría que La Habana lo mismo “martilla que banquea”. Por un lado, alimenta y permite su neo-antisemitismo solapado y, por el otro, mantiene buenas relaciones con su comunidad judía, acepta las donaciones realizadas a través de —o por— judíos, principalmente a los sistemas de salud; estimula los lobbys de muchos judíos americanos por la derogación del embargo estadounidense —Steven Spielberg incluido— y mantiene con tintes discretos la importante inversión judía —y dentro de ella la israelí— en sus propios predios.

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