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Los
videos del Odio aquí
Fabián
Vena: Los judíos no son argentinos
La
Discriminación Cool
Por Sergio Widder y Pablo Slonimsqui (Centro
Simon Wiesenthal)
Precedido
de un enorme despliegue publicitario, comenzó a
emitirse el programa Mosca y Smith en el Once.
El primer capítulo presentó un compendio de
los peores prejuicios que anidan en el
inconsciente colectivo de la sociedad argentina,
pero no desde un abordaje crítico, sino como
parte del divertimento; desde esa perspectiva,
una sucesión de estereotipos negativos
referidos a los judíos, los peruanos, los
bolivianos y los coreanos se presentan
naturalmente, como integrantes de nuestra
cotidianidad, y se narran en tono de mofa,
sazonados con expresiones insultantes y
despectivas. Subyace a lo largo del programa un
concepto peyorativo de todos los grupos
mencionados, una actitud claramente xenófoba
que puede ilustrarse con la caracterización de
uno de los personajes, Valdivieso, “ladino,
como todos los peruanos” al decir de los
autores.
En
su primer capítulo, los protagonistas tenían
que resolver un homicidio ocurrido en un cine
pornográfico del Once. En sólo una hora de
programa, mientras se realizaba la pesquisa, se
dijo que en ese barrio se encuentran los judíos
de un lado, los coreanos del otro, y en el medio
la ley (ambas comunidades quedan al borde de la
legalidad), no quedó claro si el restaurante
coreano sirve rata o pollo (en defensa de los
autores hay que decir que el socio del coreano
en el restaurante es el comisario de la zona),
el judío vendía perfumes truchos y hablaba
como si recién llegara desde Europa oriental
(aunque tuviera unos 60 ańos), y el asesino
resultó ser el mencionado Valdivieso, movido
por el deseo de deshacerse del ex esposo de su
actual pareja, para poder casarse y obtener
documentos argentinos.
La
utilización de la televisión como vehículo
para estos prejuicios, y la audiencia a la que
está dirigido el programa (mayormente jóvenes
y adolescentes) constituyen elementos
particularmente sensibles. Los realizadores no
ignoran estas circunstancias; por el contrario,
su consagración como publicistas evidencia que
saben muy bien cómo puede impactar su producto
en el espectador.
Es
posible que para alguna gente ciertas escenas de
la serie resulten cómicas por su capacidad para
poner en ridículo el sufrimiento, minimizando
la abyección. Sin embargo, la mera existencia
de discursos ideológicos funcionales al racismo
o a la xenofobia, bajo el formato que sea,
aparece como una amenaza que repercute sobre las
personas que son objeto de descripción
negativa, estigmatizándolas y contribuyendo a
la consolidación y a la circulación de los
prejuicios que conforman un trato diferencial
caracterizado por la humillación y la exclusión.
La difamación permanente de determinadas minorías
va minando la imagen social de sus miembros,
favoreciendo la infravaloración de los seres
humanos por su origen o procedencia.
No
promovemos ni sugerimos ninguna clase de
censura. Es probable que Mosca y Smith sigan
desparramando su racismo cool. Sería deseable
que eso no ocurra. Lo que hicieron hasta ahora,
a nosotros, no nos pareció divertido.
“...
Su estreno cumplió. Ofreció cantidad de gags y
guiños sobre aquellas series y películas; una
cuidada producción de estética publicitaria;
buenas actuaciones -salvo alguna excepción-; un
buen escenario -el tradicional y nunca bien
ponderado Once porteño-; y algo fundamental:
una propuesta diferente y atrevida a lo que se
viene viendo en la TV argentina.
Mezcla
rara de los viejos y nuevos Starsky & Hutch,
con mucho de la fenomenal Torrente, el brazo
tonto de la ley (película española de Santiago
Segura) y algunos touchs del nuestro inolvidable
y bizarro Cha cha cha, los policías Mosca &
Smith arrancaron su raid en el Once con mucho
para ofrecer.
Pero
las objeciones están a la orden del día. Un
ritmo desparejo (el primer bloque no fue el
mejor), algunos chistes y gags algo remanidos
(por no decir viejísimos) y un guión, por
momentos, ofensivo respecto a la nacionalidad o
religión de los personajes, fueron las críticas
más visibles. Otras hablan de plagio y decepción,
pero son las menos”.
Los
que tuvieron el sí unánime fueron Rago y Vena,
caracterizados al detalle y con todo su oficio
puesto al servicio de estos personajes que, se
nota, les encantan. También tuvo el OK general
la cortina, cantada por Agulla (ya había
demostrados sus dotes vocales en una publicidad
de Quilmes) y con las imágenes de él y
Baccetti sobre el final (...)
Qué
pasó en el primer capítulo
La
primera fue una jornada de furia para estos
nuevos paladines de la justicia. Un nuevo
fiscal, Petracca (Nacho Vavassorri), llega a la
jurisdicción del Once para poner orden en las
calles del lugar y velar por la paz entre la
variedad de razas reinantes en sus calles.
Pero
en el momento de su asunción, los medios traen
la noticia de un asesinato en un cine porno de
la calle Ecuador. Para vanagloriarse frente a su
desinformación, Petracca ordena al comisario
enviar a sus mejores hombres y promete tener al
responsable del crimen antes de las 24 horas.
Ahí
aparecen Mosca y Smith, que estaban por irse
"de putas" pero los sorprende el
trabajo a su cargo. Después de varias pruebas y
errores, llegan al meollo de la cuestión y
quedan como héroes, cuando nadie esperaba nada
de ellos.
http://www.sitiosargentina.com.ar/notas/octubre_2004/mosca
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